Publication Date

2010

Abstract

[Excerpt] El 2010 cierra con un panorama alentador de recuperación económica en América Latina y el Caribe. Casi todos los países mostraron un crecimiento positivo de sus economías, alejándose del fantasma de la recesión.

Los países crecieron conforme fue permitido por su fortaleza macroeconómica y en relación directa a la diversificación y crecimiento de sus mercados externos y de acuerdo a la capacidad de inversión y consumo público y privado en el orden interno.

La recuperación económica también fue favorecida por las políticas de estímulo al crecimiento e inversión, así como por las iniciativas en favor del fomento del empleo, la capacitación, el fortalecimiento del poder de compra de los salarios e ingresos, y la ampliación de la protección social.

La reactivación de la economía tuvo un impacto favorable sobre la creación de empleo en el conjunto de la región. El impacto más directo fue la reducción en la tasa de desempleo urbano desde el 8.1% en el 2009, hasta el 7.4% estimado en 2010. Esto significó que en 2010 el crecimiento económico generó empleo u ocupación para cerca de 1.2 millones de personas. Aún así, en el 2010 el desempleo afecta a 16.9 millones de mujeres y hombres lo que representa una gran brecha de trabajo decente.

La información disponible también sugiere que aumentó el empleo protegido por la seguridad social dentro del sector formal de empresas. Empero, este aumento del empleo formal no ocupó a la totalidad del crecimiento de la fuerza de trabajo, con lo cual muchos de los nuevos trabajadores fueron a engrosar las filas del sector informal. Por esta razón, se estima que en 2010 se mantuvo la tendencia de informalización del mercado de trabajo, con un incremento importante del trabajo por cuenta propia, de trabajadores auxiliares y de otras categorías de asalariados y patronos que se desempeñan en pequeños negocios informales o no registrados. Este fenómeno sigue conspirando contra los objetivos de mejora de la productividad y trabajo decente de los países.

Durante el 2011 se prevé que las economías de América Latina y el Caribe seguirán la ruta del crecimiento, aunque a un menor ritmo del experimentado en 2010. Ello obliga a los países a seguir impulsando, según sus posibilidades, las políticas de estímulo al crecimiento y al empleo, junto a las medidas para mantener presupuestos fiscales sostenidos y una inflación baja Las conclusiones de la reciente conferencia convocada por la OIT y el Fondo Monetario Internacional (Oslo, setiembre de 2010) subrayan que la creación de empleo debe estar al centro de la recuperación económica y debería ser un objetivo macroeconómico clave. Aquí se acordó trabajar conjuntamente en el desarrollo de un piso de protección social que constituye uno de los pilares de la Agenda de Trabajo Decente de la OIT.

Las propuestas del Pacto Mundial para el Empleo de la OIT (Ginebra, 2009) retoman vigencia en la actual coyuntura de recuperación de la economía mundial. En América Latina y el Caribe empleadores, trabajadores y gobiernos han reiterado recientemente, en la 17ª Reunión Regional Americana de la OIT, que esas propuestas resultan viables y prioritarias en esta región del mundo; y que las mismas se pueden impulsar a través de ese instrumento que es la Agenda Hemisférica de Trabajo Decente. La consigna de que la calidad del trabajo define la calidad de una sociedad caló profundamente durante dicha conferencia. Todo ello demanda del desarrollo de empresas sostenibles en un contexto medioambiental sustentable.

La meta 1B adoptada en el sistema de Naciones Unidas que auspicia el trabajo decente para todos, incluyendo mujeres y jóvenes, constituye una condición indispensable para alcanzar el primer objetivo de desarrollo del milenio de erradicar la pobreza extrema y el hambre del mundo.

Estando a mitad del recorrido hacia los objetivos de desarrollo del milenio planteados para el 2015, la experiencia reciente de implementación de políticas durante la coyuntura de crisis demuestra que sí es posible lograr objetivos de estabilidad macroeconómica con metas de crecimiento económico, empleo y trabajo decente. Y avanzar en esta dirección depende fundamentalmente de la decisión política de los actores del mundo del trabajo.

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